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miércoles, 28 de marzo de 2012

Sierra de Aralar: Circular desde Madotz a San Miguel de Aralar por el Valle de Ata y vuelta por el GR20

25 de marzo de 2012, domingo

Vuelvo al precioso Valle de Ata (Navarra) situado en el SE de la Sierra de Aralar. La última vez que estuve con mi amigo Fernando había mucha nieve y todo estaba precioso. Me preguntaba como sería ese valle caminando sin nieve. Aquella vez, con las raquetas puestas, llegamos hasta el comienzo del valle y no pudimos ver la famosa piedra de Roldán por falta de tiempo. Prometí que volvería para recorrerlo, con la idea de ir hasta el santuario de San Miguel de Aralar por el antiguo camino de peregrinación usado por las gentes de los valles. Dicho y hecho.

La idea es recorrer el Valle de Ata visitando el menhir Erroldan Harria y después ascencer al monte Artxueta (1344m), bajar al santuario de San Miguel de Aralar y volver a Madotz por el GR20 que transcurre por el Valle de Agiti. Recorrido suave, bonito, tranquilo y muy recomendable que ronda los 18Km y unos 800m de desnivel positivo acumulado. La meteo se portó y nos ofreció un estupendo día soleado donde las primeras horas fueron frescas.

Mapa del recorrido:


Perfil de altura:




Una vez más me junto con mi amigo Lupo2 (Oscar) y nos acercamos al pequeño y precioso pueblo navarro de Madotz, enclavado en el extremo sur del valle de Larraun, donde en un pequeño aparcamiento dejamos el coche.



Junto a la carretera, dejando la iglesia a nuestra derecha, parte una pista hormigonada. Unos metros más abajo cogemos el camino de la derecha



Enseguida llegamos a la fuente-abrevadero


y por un camino carretal en suave ascenso nos vamos adentrando en un bonito bosque entre fresnos


Se termina el camino carretal y comienza un sendero. El camino, en algunas zonas, tiene bastante barro.


El bosque


en cuarenta minutos se llega al portillo de Ata donde las vistas al valle se abren


A la derecha queda el monte Akier(1001m) y un poco más adelante el Elorrigain (1059m). A la izquierda el Solloaundi (1045m) aunque en la imagen no se ve


Monte Akier


Continuamos por el vallecito disfrutando de su tranquilidad.




Cuenta la tradición que el gigante Roldán se empeñó seriamente en arrasar el pueblo de Madotz, asentado en uno de los confines del Aralar. Tan cabezón estaba el buen Roldán que decidió hacerlo a pedrada limpia, arrancando enormes bloques de roca del lugar donde hoy se alza el santuario de San Miguel in Excelsis y lanzándolos contra los tejados del pueblo.

La leyenda no aclara cuántas piedras consiguió lanzar ni si logró su objetivo destructor, pero sí deja constancia de un detalle clave: una de aquellas moles, grande y alargada, se le quedó enredada en el manto justo en el momento del lanzamiento. El proyectil no llegó a Madotz y cayó a medio camino, clavándose con furia en las praderas del valle de Ata.

Y fue tal la rabia con la que el gigante arrojó la piedra que, en ese mal gesto que truncó su vuelo, dejó marcadas en la roca las huellas de sus uñas, a modo de profundos surcos que todavía hoy se pueden ver. Son seis las marcas misteriosas que recorren la piedra, y no son poca cosa: los expertos aseguran que se trata de un menhir auténtico, el primero identificado como tal en toda la sierra de Aralar.

Sobre el pasto del valle de Ata, en esos claros donde el hayedo se abre y deja ver el cielo, el menhir apenas sobresale un metro del suelo. Pero no te fíes: bajo tierra esconde todavía otros dos metros más, guardando en silencio unos secretos que, como casi todo por aquí arriba, mezclan piedra, mito y mucha historia antigua.

El amigo Oscar toqueteando los 'zarpazos' que dejo el gigante Roldan


Seguimos caminando y podemos contemplar a lo lejos la cima del monte Artxueta (1344m) donde destacan varias antenas y repetidores


Llegando a Zubigoien donde girando a la izquierda está la fuente abrevadero de Iturriotz (Zubigoien)


No estoy seguro pero creo que esto es la fuente-abrevadero de Iturriotz (Zubigoien)





Un poco más adelante, a la izquierda del camino, vemos una regata donde sus aguas se meten tierra adentro


El Artxueta cada vez más cerca. Ahora caminamos por un camino que viene desde Arakil




Llegamos al borde del arbolado y una puerta corta el camino. Vemos las marcas blanquiamarillas del PR-NA 82 que conducen hasta el santuario de San Miguel de Aralar. Pasamos la puerta y un poco más adelante se gira a la izquierda.


Cruzamos un pequeño arroyo y empezamos a subir por un precioso camino


El ascenso al principio es un poco fuerte. Esta parte del recorrido ha sido la que más me ha gustado. Transcurre por un hayedo y una zona kárstica que es una autentica gozada. El sendero está perfectamente balizado pero hay que estar atentos.


Por el PR-GI 82 camino del Santuario de S.Miguel de Aralar




Contemplando las maravillas del bosque




¡¡Menudas ramas!!






Aparecen los primeros restos de nieve






A nuestra izquierda se encuentra el cordal rocoso


Al fondo se encuentra el paso que nos llevará a la otra loma del monte


Marcas del PR-NA 82


Cruzando a la otra loma




Al cruzar a la otra loma el paisaje se abre de golpe y el premio es inmediato: ante nosotros se despliega la Sakana, domina el horizonte la silueta inconfundible del Beriain y, más allá, aparece el Santuario de San Miguel in Excelsis, vigilante y solitario sobre la sierra.

No tardamos en llegar a una zona curiosa, donde llama la atención un enorme montón de piedras amontonadas sin mucho orden. Y claro, aquí también hay historia… o leyenda, que en Aralar casi siempre van de la mano.

Cuentan que al capellán del santuario lo nombraron párroco de Madotz y que, desde ese momento, todos los días repetía el mismo ritual. Subía desde el pueblo por el valle de Ata hasta alcanzar un punto desde el que ya se veía el santuario. Allí se detenía, rezaba una oración, arrojaba una piedra al suelo y emprendía el camino de vuelta a Madotz.

Día tras día, piedra tras piedra, fue creciendo ese gran montón que hoy vemos, a modo de túmulo improvisado y silencioso. Y dice la tradición que, después de iniciar esta costumbre, el capellán nunca más volvió a pisar el santuario.

Llegados a este punto, toca decidir: o bien encarar la subida al Artxueta, o continuar tranquilamente hacia el santuario siguiendo las marcas del PR, dejando que sea el monte quien marque el ritmo.

El montón de piedras


Optamos por subir al Artxueta. La traza del sendero no es muy clara pero tampoco hay perdida: todo recto hacia arriba por donde mejor te venga


Según subimos la Sakana nos ofrece una maravillosa vista


Al fondo el monte Beriain


Estamos muy cerca de la carretera que va hasta la cima del monte


Vemos el Santuario de San Miguel de Aralar y el Beriain de fondo


Cima de Artxueta (1344m) y uno de sus buzones


el otro buzón


y yo con el Hacha


Bonitas vistas desde la cima hacia las Malloas


Vistas hacia el Valle de Ata de donde venimos y Agiri por el que volveremos


Después de contemplar el paisaje descendemos y ahí se quedan todas las antenas


Imagen del santuario bajando del Artxueta


Y entramos por donde no debemos, pero es lo que hay


Oscar maravillado con las vistas


La entrada al santuario de estilo románico


Cerca se encuentra la ermita








El famoso retablo románico esmaltado del siglo XII, una auténtica joya del arte medieval, está declarado BIC (Bien de Interés Cultural). Sin embargo, si uno se fija bien, la ausencia de algún medallón y de pequeños tramos de arquería delata que no todo lo que hubo sigue hoy en su sitio.

La explicación nos lleva a 1979, cuando Erik el belga, célebre ladrón de arte a escala mundial, se llevó un importante número de piezas de esta obra excepcional. Un episodio oscuro para el santuario que, por suerte, tuvo final relativamente feliz, ya que con el paso de los años la práctica totalidad de las piezas robadas han sido recuperadas y devueltas a su lugar de origen.



Las cadenas que llevó como penitencia el parricida Teodosio de Goñi.
Una placa reza: «Si Cristo os hace libres, seréis realmente libres».
Pero… ¿quién era este señor?

Pues bien, Teodosio de Goñi era un caballero de buena familia, casado, que vivía en un palacio junto a su esposa y sus padres. Vamos, como muchas familias de ahora, pero con almenas.

Un buen día marchó a la guerra para ayudar a su rey a combatir contra los moros y, al regresar, mientras cruzaba el bosque, se le apareció Basajaun, el señor del bosque (que nada tiene que ver con Lucas, el de Gormiti), con aspecto demoníaco y muy mala idea.

—Tu mujer te la está pegando con el criado —le susurró—.
¡Corre, que los pillas fornicando! ¡Corre, corre, cornudo!

Teodosio, encolerizado y completamente cegado por los celos, salió disparado hacia el palacio con una sola idea en la cabeza: matar a su esposa y a su supuesto amante. Entró en la habitación y, en un visto y no visto, mató a la pareja que yacía bajo las sábanas.

Al salir… se quedó de piedra.

Su esposa venía tranquilamente de la iglesia.

—¿A quién he matado yo? —balbuceó.
—¡Gilipollas! ¡Has matado a tus padres! —le respondió ella cuando él le contó lo ocurrido—. Yo les dejé la habitación porque era demasiado grande y sin ti me sentía muy sola…

Teodosio rompió a llorar, arrepentido hasta el alma, y suplicó perdón al obispo.

—Has matado a tus padres y deberías ir a la cárcel —le dijo el obispillo—, pero como eres caballero, amigo del rey y encima tienes pasta… mejor que se moje el Papa y que decida él.

Menudo marrón.

Así que Teodosio se fue a Roma tan ricamente, y allí el Papa le concedió el perdón de sus pecados.

—Eso sí —le advirtió—: como penitencia llevarás estas cadenas, y solo si Cristo os hace libres, seréis realmente libres.

Teodosio volvió a casa y anduvo de aquí para allá arrastrando las dichosas cadenitas. Hasta que un día se fue al monte —como hacemos nosotros— y de una sima salió un dragón dispuesto a merendárselo.

Cuando el bicho se lanzó a por él, Teodosio invocó a San Miguel Arcángel.
En un plis-plás apareció el arcángel, se plantó en medio y… ¡zas! Cabeza de dragón al suelo.

—Hala, chaval, de la que te has librado —le dijo—.
Y como soy colega de Dios, te libero también de esas pesadas cadenas. Me debes una.

Y así, por fin, Teodosio quedó libre.

Con el dinero que tenía, mandó construir sobre la sima donde San Miguel dio muerte al dragón el precioso santuario de San Miguel in Excelsis, con ostatu incluido, donde hoy en día te puedes comer tranquilamente un pintxo de tortilla.

Y colorín colorado… este parricidio legendario se ha terminado.


Por si acaso tienen poderes curativos me paso las cadenitas por todo el cuerpo


El pintxo del que os hablaba


A Oscar le ha hecho gracia la historia que os he contado


Después del merecido pintxo continuamos ruta. El descenso a Madotz lo vamos a hacer por el GR-20 (Vuelta a Aralar)


La primera parte del descenso bastante resbaladiza.




Han creado algún tipo de circuitos, no se si para motos o para bicis.


Llegamos a la carretera que viene desde Arakil y que sube al santuario


La pared vertical del Madalen Aitz y el Beriain al fondo


Llegamos al dólmen de Pamplonagain








Mucho muérdago por esta zona


Balizado antiniebla en el GR-20


Pasamos junto a la borda de Agiti


caminando por el valle de Agiti


Pedazo de raices


En un punto determinado del GR-20 vemos un desvio que indica hacia el pueblo de Madotz. Es un sendero balizado con pintura azul y se sigue sin problemas




El sendero muere en una pista y seguimos hacia la izquierda. Enseguida vemos las casitas de Madotz


Caballos pastando y el Artxueta que ya queda bastante lejos


Llegando a Madotz












y llegada al aparcamiento